miércoles, 16 de julio de 2014

“EMERGENCIAS” EN EL MARAÑON



 En el año 1776 se escribe lo siguiente:
“Un comerciante no es… necesariamente ciudadano de un país determinado. Le da exactamente igual el lugar desde el que lleve su negocio. Incluso motivos pequeños pueden inducirlo a trasladar a otro país su capital y la explotación financiada por él”
Adam Smith


Mayo de 2014 pasará, para el bajo Marañón, como el tiempo de las “emergencias”: sanitaria (día 5) y ambiental (día 15). Ironías de la historia: están más enterados en Lima que en el bajo Marañón. La forma de comunicar las emergencias deja en ayunas al bajo Marañón. Pese a la red de información que posee el gobierno, vía los gobernadores, no se canaliza a través de ellos para dar a conocer la noticia a la población. Consecuencia: se deja a merced de los rumores, chimes y habladurías que pueblan el río. Y ya se sabe: “a río revuelto, ganancia…” (de los grandes).


© Parroquia Santa Rita de Castilla, 2014.

ALGUNAS PRECISIONES

Es necesario decretar las emergencias en El Peruano, pero no es suficiente. No hace falta ser muy espabilado para comprender que en el bajo Marañón no tenemos la costumbre, queremos decir oportunidad, de leer El Peruano. Las conexiones a Internet nos quedan lejos. Y el lenguaje que utiliza deja ayunos a los pobladores del bajo Marañón. ¿Para quién informa el gobierno, para quién trabaja? Se supone que el gobierno tiene razonables y sesudos asesores que entienden el proceso y lo manejan conforme a sus intereses, se supone. Dejemos que pase el tiempo, parecen decir…, hasta que aparezca la rabia en el Marañón. ¿Qué harían esos razonables y sesudos asesores? [Los resultados de contaminación se presentaron en Lima en enero, las declaratorias de emergencia en mayo. No parece que haya mucha celeridad, léase interés].


© Parroquia Santa Rita de Castilla, 2014.


El lenguaje neutro de las normas y leyes no permite que asome, ni por un resquicio, el sufrimiento. Este lenguaje indoloro esconde la realidad, la oculta, la opaca, la encubre. Palabras escogidas, que agrupadas en frases, desdibujan la realidad. De esta manera nos encontramos con la sorpresa: “enfermedades de origen hídrico”. Y nuestra mente queda en blanco con esta terminología. Nos negamos a avanzar porque nos imaginamos lo que sigue. Preferimos detener el aliento y escrutar lo que se avecina. El texto cita únicamente las enfermedades diarreicas. Y aquí se desata la cólera. ¿No habíamos quedado que las aguas del Marañón tienen hierro, aluminio, manganeso, arsénico, cromo…, por citar únicamente los elementos encontrados por DIGESA (Dirección General de Salud)? ¿Pretenden decirnos que el mayor problema de estos metales pesados son las diarreas? Nuestra abuelita nos contaba mejores cuentos.

Con estos presupuestos ya podemos comprender el deslizamiento hacia la instalación de “módulos de tratamiento de agua para consumo humano”. ¿Nos podrían decir cómo piensan limpiar el hierro, aluminio, manganeso, arsénico, cromo… en el agua de consumo humano?

Si no fuera suficiente, aún afirman que esta declaratoria de emergencia sanitaria tiene un plazo de 180 días. Y de nuevo nos quedamos estupefactos (turulatos era la palabra que se quedó pegada en nuestra lengua). De nuevo, con estos presupuestos, lo único en mente es la instalación de los módulos esos. Si la contaminación existente persistirá por décadas, ¿se tendrán en cuenta medidas a largo plazo? Parecen estar ausentes. Desmemoriados y asépticos no parecen imaginar qué pasará después. Caperucita roja guarda mejor la tensión narrativa. ¿Y hacia atrás? ¿Qué ha pasado durante estas cuatro décadas? ¿Nos podrían decir qué va a suceder con las personas que, habiendo bebido el agua contaminada del Marañón, han muerto durante este tiempo? Hay quien pretende responder muy rápido a la contaminación: ¿y  qué sucede con los muertos? Es esta pregunta religiosa la que nos baila en la cabeza y nos da que pensar. Es esta insidiosa y abominable pregunta la que no podemos evitar. Es esta terca, tozuda y aturdida pregunta la que nos hace mirar los sufrimientos infligidos por décadas. Es esta esperanzada, consoladora, alentadora y vigorizante pregunta la que nos hace mirar a Dios para resistir la tentación y acompañar a este pueblo asediado por la codicia de los grandes.


© Parroquia Santa Rita de Castilla, 2014.


¿Y los peces? ¿Qué pasa con los peces? Los ricos y sabrosos platos de los Kukama están llenos de contaminación. Todavía no lo ha reconocido el Estado, porque no los han analizado. Pero si el agua está contaminada, los peces…, por aquello de la bio-acumulación. No es necesario un derroche de imaginación, ni de sagacidad, para percatarse de ello.

Que el Estado no tiene intención de resolver el gravísimo problema se demuestra en que los análisis de agua se realizaron en tan solo 17 comunidades del bajo Marañón. ¿Y las demás? Podemos comprender que hay que ir despacio, poco a poco. No nos gana la impaciencia, simplemente vemos que no se alistan para analizar el agua del resto de las más de cien comunidades del bajo Marañón, ni los análisis de peces, o de personas en su vertiente de cabello, orina y sangre. Da la impresión que ya está todo resuelto, cuando simplemente es el inicio. Pretenden cerrar la puerta antes de haberla abierto. O mejor: intentaron abrirla un poco, se asustaron y pretenden cerrarla a cal y canto, para que no entre el aire fresco de la verdad.

La Resolución Ministerial implica “el ámbito de la batería 3, el derecho de vía del ducto Batería 3 al Terminal Marañón (Yanayacu-Saramuro) del lote 8, los sitios no contemplados en el Plan Ambiental Complementario de la Locación Yanayacu, derecho de vía del oleoducto Yanayacu-Saramuro para el lote 8, y los puntos de monitoreo de suelos contemplados en sitios contemplados en el Plan Ambiental Complementario correspondiente a la locación Yanayacu; ubicados en la provincia de Loreto, departamento de Loreto; por un plazo de noventa días hábiles”. A la luz de la anterior descripción, solicitamos el cierre los pozos petroleros en dicho lugar hasta que se den las condiciones de seguridad que permitan no dañar el medio ambiente.

Una curiosidad. Un documento de la Oficina Nacional de Diálogo y Sostenibilidad de la Presidencia del Consejo de Ministros inicia con una oración a San Judas Tadeo. Nos parece curioso. En ella se le pide a Dios: “aleja a mis enemigos en el nombre de Jesús”. No es este el momento de hermenéuticas, pero nos parecen más adecuados los textos evangélicos: “amen a sus enemigos” (Mt 5, 44). Y nos adherimos a la intuición expresada por el papa Francisco: “el tiempo es superior al espacio”. Desarrollar procesos es más importante que ocupar un espacio. Y este proceso del Marañón es del todo inédito, merece ser acompañado.


NOTA: Estamos terminando un curso de presidentes comunales y nos vamos al final de la parroquia para visitar comunidades. No nos da tiempo a elaborar otro escrito. Así que lo adjuntamos como con calzador.


“EL PELO DE MI SEÑORA SE ESTÁ CAYENDO”

En el taller una de las intervenciones señala: “en mi comunidad a algunas mujeres se les está cayendo el pelo, el pelo de mi señora se está cayendo”. Otro interviniente matiza: es normal en mujeres embarazadas. Otro más puntualiza: pero estamos hablando de mujeres que no están gestando. Continúan las intervenciones: no sólo cuando se peinan, también cuando duermen quedan pelos sueltos en su almohada. En ocasiones el pelo cae de raíz y en otras aparece cortado. En el Centro de Salud les dicen que compren algunos productos (champú…), pero a algunas mujeres se les sigue cayendo el pelo y formándose calvas. Y preguntamos: ¿en cuántas comunidades está sucediendo? Nos encontramos con la sorpresa que aparecen más de 10 comunidades donde se ha observado este fenómeno. Si tenemos en cuenta que en el taller son 43 varones y 3 mujeres percibimos que estos datos pueden ser únicamente la punta de lanza de algo más grave.

El pelo vehicula múltiples significados. Los peinados reflejan un sentir común. Las mujeres dedican tiempo a los peinados de ellas y de sus hijos. En los peinados aparecen algunos peces como el shiruy o el paiche, aparece la boa… y algunos otros animales. La contaminación reinante tiene un componente cultural que no está siendo atendido suficientemente.


© Parroquia Santa Rita de Castilla, 2014.


Hipótesis:
  1. los niveles de stress se están disparando. Las mujeres están siendo afectadas. Nadie las está escuchando. Merece la pena tenerlas en cuenta, nos pueden hacer comprender la contaminación en palabras sencillas y la gente se puede apropiar más que con un discurso blanco. Si las mujeres tienen niveles de stress muy altos, ¿qué sucede con los niños? ¿Qué están lactando los infantes? La leche materna puede estar transmitiendo la pena de las madres. Recordamos que son las mujeres las encargadas de recoger agua del río y prepararla para tomar.

  1. el pelo es uno de los lugares donde se acumula la contaminación por metales pesados. ¿Puede ser este un motivo de la caída del pelo? Expertos hay que puedan dilucidar esta pregunta.

¿Desde cuando ocurre esto? “Desde hace tres o cuatro años”, nos responde uno de los presidentes comunales. Y nos viene a la imaginación, como un rayo, el tremendo impacto causado por el derrame del 2010 y la pésima atención del Estado. Este presidente comunal está, inconscientemente, relacionando la caída del pelo con la toma de conciencia que se produjo en el 2010. Estos aspectos psicológicos no están siendo tenidos en cuenta y no son efectos colaterales, son un desastre que es preferible enfrentar. La violencia se puede desbocar hacia fuera (enfrentamientos con el Estado, petroleras). En tal caso culparán a los indígenas de los desmanes. Pero puede vehicularse hacia adentro (borracheras, malos tratos, suicidios…) y entonces el Estado permanece impasible. En ambos casos pierde el pueblo kukama.

Por eso es del todo urgente y necesario un taller con las mujeres de Huaynakana Kamatahuarakana para abordar estos y otros aspectos.





P. Miguel Angel Cadenas                                            P. Manolo Berjón
Parroquia Santa Rita de Castilla                                  Parroquia Santa Rita de Castilla

Río Marañón                                                              Río Marañón

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